Un teléfono nuevo lo compras sólo con garantía. ¿Y tu vida, no necesita garantía?

Seguro es lo mismo que una garantia

Déjame empezar con algo que seguramente has hecho.

Compraste un teléfono nuevo. Y antes de pagarlo, preguntaste: “¿Trae garantía?”

Claro que sí. Nadie compra un celular de 15 o 20 mil pesos sin garantía. Si se descompone en un año, quieres que te lo reparen o te lo cambien. Es lo normal.

Ahora piensa en tu último coche. Lo mismo, ¿verdad? “Garantía de 5 años o 100 mil kilómetros.” Es de las primeras cosas que preguntas en la agencia.

¿Y una casa? Igual. Exiges garantía contra humedad, contra fallas en la estructura, contra vicios ocultos.

En tu vida diaria, no compras casi nada importante sin una garantía.

Y sin embargo, mucha gente me dice: “Es que yo no creo en los seguros.”

Déjame explicarte por qué eso, en realidad, no tiene mucho sentido.


Un seguro es una garantía. Nada más.

Piénsalo con calma.

¿Qué es una garantía? Es una promesa. Alguien te dice: “Si algo sale mal con esto que compraste, yo respondo.”

Eso es exactamente lo que hace un seguro.

Un seguro te dice: “Si algo sale mal — un accidente, una enfermedad, una pérdida — yo respondo por ti y por tu familia.”

Es la misma idea. La misma promesa. La única diferencia está en cómo se paga.


La única diferencia: cómo se paga

Cuando compras un teléfono o un coche, la garantía ya viene incluida en el precio. No la ves. No la pagas por separado. Viene metida dentro de lo que pagaste, y por eso ni la piensas.

El seguro es lo mismo… solo que se paga aparte.

Esa es toda la diferencia.

No es que la garantía del teléfono sea gratis. La estás pagando — solo que no te das cuenta, porque está escondida dentro del precio. El seguro simplemente hace visible ese costo, y te deja decidir.

Entonces la pregunta no es “¿creo o no creo en los seguros?”.

La pregunta real es: ¿qué cosas de mi vida merecen una garantía?


Lo que garantizas… y lo que no

Aquí está la parte incómoda.

Garantizas la lámina de tu coche. Garantizas la pantalla de tu teléfono. Garantizas las paredes de tu casa.

Pero muchas veces no garantizas a la persona que maneja ese coche, que usa ese teléfono, que vive en esa casa.

Cuidamos con garantías las cosas que sí se pueden reemplazar — un celular, una pantalla, un electrodoméstico.

Y dejamos sin garantía las dos cosas que no tienen reemplazo: tu vida y tu salud.


La pregunta que de verdad importa

No te voy a decir que “tienes que” contratar un seguro. Esa decisión es tuya, y cada situación es distinta.

Solo te voy a dejar una pregunta, la misma con la que termino cuando platico esto con alguien:

¿Tu vida tiene precio? ¿Tu salud tiene precio?

Si crees que sí lo tienen — que se pueden reemplazar, que se pueden reponer — entonces tal vez no necesites protegerlas.

Pero si crees que no tienen precio… que no hay forma de reponer tu salud, ni de reemplazar lo que tu familia perdería si tú faltaras…

Entonces quizás valga la pena garantizarlas. Igual que garantizas todo lo demás.

Solo que esta vez, la garantía se paga aparte. Y se llama seguro.


Para terminar

No se trata de creer o no creer en los seguros.

Se trata de decidir qué es lo suficientemente valioso en tu vida como para merecer una garantía.

Un teléfono lo merece. Un coche lo merece. Una casa lo merece.

¿Y tú? ¿Y tu familia?

Esa respuesta solo la tienes tú. Pero vale la pena pensarla. Para conocer más del tema, visita la página Seguros Personales


 

Anshul Rastogi es Director de Life & Beyond, firma de planeación patrimonial en México. Ayuda a familias, profesionistas y empresarios a proteger y hacer crecer su patrimonio con seguros, inversiones y planeación fiscal. Este artículo es de carácter educativo. Si quieres revisar tu caso, escríbele directamente.

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